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jueves, 31 de diciembre de 2015

JUSTO DELANTE DE TUS NARICES











En realidad a la Tierra, la Nochevieja se la bufa.
Para esta vieja bola de piedra y arcilla,que de forma casual alberga un fenómeno dinámico llamado vida, cada segundo es igual al anterior y semejante al siguiente.
Es más, pasa la Señora de tiempo, de luz y de espacio.
Ella se rige por la unidad de tiempo geológico, pero por deferencia a su condición femenina no hablaremos de su edad.
Mire señora; uno es un caballero.

De forma natural se rige por una ley que no somos capaces de vislumbrar ni hartos de vino de Jumilla. Es la Ley Natural, que aglutina a Newton, Einstein, la teoría del caos, nanomagnetismo y teoría molecular a un tiempo; y que si somos capaz de descubrirla, se nos van a caer los güevis al suelo al ver su simplicidad.
Nos tiraremos de los pelos al ver la cantidad de esfuerzo inútil gastado para vislumbrar la Teoría Unificadora, la que explica todo.

¡Jóder!, parece mentira con lo sencillo que es y lo ciegos que hemos estado.
No me lo puedo creer, lo teníamos justo delante de nuestros ojos.
...
Cuando eso ocurra, los poetas serán trabajadores fijos de los observatorios astronómicos; los escritores habrán dejado de teclear y se dedicarán como los griegos a hablar en las plazas públicas y Mari Carmen y José María estarán echando un polvo en el monte, mientras contemplan las estrellas.




Y a todos ellos, igual que a la Tierra, el concepto segundo, meridiano y Nochevieja se la traerá floja.

Pero que muy floja.






sábado, 19 de diciembre de 2015

TEATROS REALES




La cosa fue así.
Al final de la Legislatura del señor Zapatero como presidente del gobierno, se organizó un acto protocolario de Estado en el Palacio Real.
Se trataba de que Suecia pasaba el testigo a España de nosequé historia de la Comunidad Económica Europea.
Se había invitado al acto a unas tres mil quinientas personas, lo más granado de la sociedad española estaba allí.
El Rey de España, Zapatero, ministros, subsecretarios, directores generales, embajadores, militares y demás personalidades.
Debido a un grave fallo en los servicios de protocolo y por casualidad, fui invitado y asistí.

Yo era un pulpo en una garaje. No conocía a nadie, excepto a los camareros que repartían los canapés con quienes entablé una rápida y profunda amistad, totalmente interesada por mi parte, pues venía de currar y no había cenado.
....
Fue un gran espectáculo; con discursos y actuaciones musicales a nivel internacional.

Al final de los actos protocolarios y tras una actuación del Ballet Nacional; tocaron el himno nacional español.
Se trataba de una banda de chicos jóvenes, pertenecían a un destacamento de la Guardia Real.
Por sus edades y caretos me recordaban mucho a los chavales que salen tocando el tambor y las cornetas en las procesiones de mi pueblo.
Tenían un gesto de muy cansados; se habían levantado a ensayar temprano y ya eran las nueve de la noche. Unos yogurcines de ambos sexos a quienes ese día se la habían liado.
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Tocaron muy bien; y yo me lo creí.
En cada uno de sus soplidos y percusiones se escondía un chico o una chica de barrio, dispuestos a dejarse los pulmones y declarar la guerra al mundo a base de música.
Sonido nítido y energía juvenil a un tiempo.
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Me gustaron.
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Finalizado el acto se procedió a agasajar a los presentes con una cena fría a base de canapés y refrescos.
Mi reciente amistad con el camarero de nombre Manolo llegó a su zénit.
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La cena fría fue ocasión propicia para desarrollar relaciones sociales de alto nivel.
Tras diez minutos descubrí perplejo que ningún presidente de gobierno, embajador, ministro, subsecretario, director general o miembro del gobierno pasaba a saludarme.
Aunque estaba rodeado de una muchedumbre, los que realmente estábamos allí éramos Manolo y sus canapés y los jóvenes miembros de la Banda Real.
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Así que lo tuve claro.

Tras contarle un chiste de dudoso gusto a Manolo, éste me aprovisionó de una bandeja de canapés que habían sido pagados por ustedes con sus impuestos, queridos lectores.
Me acerqué al sargento del ejército que dirigía la Banda Real, y en un tono contundente y humilde a un tiempo,  le solicité permiso para felicitar a la muchachada.
Tras la obtención de la autorización oficial me encaminé con la bandeja de canapés hacia las personas que me habían emocionado con su impetuosa juventud.
Eran una veintena.
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Cuando hay un mogollón de gente con chaqueta y corbata, resulta complicado distinguir al embajador de Noruega de un mindungui cualquiera. Creo que el concepto se llama mimetismo escénico, o algo así.
El siguiente movimiento no me ocasionó problema alguno, pues salvo Manolo, allí no me conocía ni el Tato.
Uno a uno saludé afectuosamente y le di la mano a todos y todas los miembros de tan juvenil banda, indicándoles que les felicitaba en nombre del Gobierno; les informé que su interpretación del himno nacional me había parecido muy meritoria.
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Para reafirmarme en mi agradecimiento les proporcioné a cada uno de ellos, a la par que mi mano, un par de canapés que ellos tardaron apenas unos segundos en devorar con fruición y encomio sincero.
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Cuando acabé, el Sr. Manolo, un camarero de Vallecas que fue pieza fundamental en el tema logístico canaperil, me preguntó con sana curiosidad:

Y usted ¿quién es?
Y yo le dije la verdad.
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Un mindungui que se ha emocionado viendo tocar a estos chiquillos.

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¿Sentimiento patriótico?, me preguntó Manolo.
No exactamente, le respondí.
Creo que de todos los que estamos aquí; esos chavales son los más auténticos.

Manolo los miró detenidamente y contestó:

Yo creo que también.

...

sábado, 12 de diciembre de 2015

JAQUE MATE ( III y Fin )




JAQUE MATE




Llevo seis meses sin escribir, el cuento se quedaba sin final, y eso no puede ser.
El motivo es que no sabía como terminarlo, esa es la verdad. Tengo la sana costumbre de meterme en berenjenales varios, de los que a priori desconozco su desenlace.
Durante estos seis últimos meses he jugado mi propia partida de ajedrez con mi hija y contra el destino.
El Infierno de Dante ha sido una merendola con las madres ursulinas, comparado con mi propia partida.
Pero el destino ha querido que Lux dibujara un homenaje en el cumpleaños de un blog amigo, y claro, me he picado.
Así, que como soy honrado, diré la verdad.
He necesitado vivir una gran partida personal para poder escribir con credibilidad el final de este cuento.
Esas son las reglas de este juego, yo no me las he inventado.
O sientes lo que escribes o te tiran al pilón.


JAQUE MATE
....

Aquella chica estaba moviendo las piezas de forma elegante.
Sin prisa pero sin pausa, su flanco de dama estaba organizándose para desarrollar la Tercera Guerra Mundial.
Lux le respondía con movimientos lógicos, donde la defensa y la estrategia a largo plazo desarrollaban un juego completamente racional.
La chica, joven y de inteligencia natural, miraba las sesenta y cuatro casillas de forma global.
Y eso no es fácil, nada fácil.
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Parece ser que la potencia de cálculo de los ordenadores son capaces de derrotar a los grandes maestros.
Sus algoritmos binarios establecen el orden de conveniencia de un movimiento, teniendo en cuenta los tres mil movimientos siguientes posibles.
Un gran maestro, con una experiencia de un cuarto de siglo, puede prever hasta treinta movimientos.
Y aquella chica, no era ni una máquina ni una gran maestra.
Entonces..., ¿qué nos podía demostrar?
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Neuronas juveniles.
Esa era la respuesta.
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Indicios hay que el sistema nervioso central funciona a través de impulsos eléctricos que recorren las neuronas.
La conexión entre estas células nerviosas se producen en fracciones de milésimas de segundo, lo cual provoca una onda sinusoidal a través de los tejidos que componen el cerebro.
Dicha onda se desplaza a través de las terminaciones nerviosas, provocando una vibración en su estructura celular.
Con la edad, la frecuencia de las vibraciones aumenta, pero no su velocidad.
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Una mente joven y sin miedo establece una velocidad baja, a cambio de una vibración mínima.
Y eso le permite ver lejos, muy lejos.
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Ocho por ocho son sesenta y cuatro casillas.
El ordenamiento del flanco de dama, en conjunto, escondía una trampa mortal.
Mientras que los ejércitos de Napoleón establecían el puesto de mando, la artillería, la caballería y la infantería en dicho flanco, el flanco de rey se presentaba como un terreno baldío, yermo, sin más futuro que el perder el tiempo en movimientos estériles.
La chica miró el tablero en su conjunto, estableció la posibilidad de girarlo cuarenta y cinco grados, descubriendo las amplias posibilidades de las diagonales negras, líneas nada visibles que apuntaban hacia el reinado de Lux.
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Sí, aquel padre ni se esperaba el ataque por el flanco de Rey.  Era una estrategia tardía, inocua, sin más sentido que el provocado por la inexperencia de su hija.
Pero no.
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El pensamiento humano resulta de una belleza armónica.
La mente de esa joven atravesaba las quince primeras posibilidades a la velocidad de la luz.
De forma intuitiva.
Centraba su atención en la composición global del tablero, dejando las riñas entre peones, las amenazas de las grandes piezas y las conquistas de casillas estratégicas en un claro segundo plano.
Ella estaba jugando al ajedrez.
Con la potencia de una mente joven que aprovecha la armonía como arma disuasoria.
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Cuando Lux se dio cuenta de dónde se había metido, ya era tarde.
Estaban a seis movimientos del final, la chica lo veía, pero él no.
La atracción por batir a las piezas cercanas, su afán por sacar las torres para poner orden en el corralillo, la estratégica situación de su Dama;  toda, absolutamente toda su estrategia, estaba previamente procesada por la mente de la joven como movimientos sencillamente lógicos.
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Pero ella estaba jugando al ajedrez.
...
La valoración de las piezas por su posibilidades reales sobre el tablero, el desenfado en el uso del peonaje, la falta de escrúpulos para dejar a sus Reyes defendidos por cuatro mequetrefes, el giro mental del tablero en cuarenta y cinco grados, la visión de conjunto, el establecimiento de criterios de riesgo juveniles, la ilusión por ganar a su propio padre y una suerte de armónico desdén por el destino, hizo que el ataque por las diagonales del flanco de Rey, se convirtiera en una pieza musical, simple, contundente, preciosa en su desarrollo.
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La muerte, lenta, inexorable, corría a través del tablero.
Aquella joven no quería asesinar al padre, simplemente fue una consecuencia lógica de una aptitud vital.
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Llegados a este punto y tras apreciar la belleza del juego de su hija, Lux hizo lo que cualquier padre justo haría.
Jaque mate en tres jugadas.
Lux volcó su moribundo Rey sobre el tablero, y abdicó de su reinado.
Una gran derrota. Capaz de satisfacer al más astuto de los jugadores.
...
En realidad fue Lux el que ganó la partida, pues traer tirar a su Rey, se dirigió emocionado a su hija, le dio la mano y luego la abrazó.

Porque sabía, que aquel regalo del destino que era la mozuela, no había ganado solo una partida de ajedrez.

Había ganado la armonía para enfrentarse a su propio destino.
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Las cosas no siempre son tan simples como parecen a primera vista.
El ajedrez es como la vida; el factor humano todo lo determina.
...

Puedes rodearte del mejor equipo, comprarle el alma al campeón del mundo, tener una conexión con la mejor base de datos rusa, e incluso ser bueno.
Como el que tengas delante sea capaz de divertirse; vas de cráneo.

Y eso, a veces, es algo grande.

Muy grande.

Atentamente. Driver.